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  1. Estados Unidos huele distinto. Siempre igual, siempre distinto al resto del mundo. No estoy segura de qué es lo que hace tan peculiar al asunto pero este país me huele a cotufas 24/7. En los centros comerciales, en los aeropuertos, en las calles… Siempre estoy esperando ver a alguien doblar la esquina con un pote de cotufas. Pero no, nada de palomitas, de hecho la mayoría de los que aparecen del otro lado de la calle van con un vaso gigante de plástico cargado de algo como “café frío + sirop de caramelo asiático + crema chantillí orgánica del Salvador + chispitas húngaras de colores sin amarillo número 5 + nopuedocreerquenoseamantequilla, sin hielo” o, si ya son más de las 6 de la tarde, una de esas bolsitas marrones, de papel, que lleva alguna hamburguesa súper barata y súper especial, la hamburguesa del verano seguramente.

    Bueno, en cualquier caso, tengo varios días para estudiar más a fondo este asunto aromático, por ahora: estoy en Denver.

    Primer vuelo
    Llegué aquí luego de tomar dos aviones bastante normales. El primero fue Caracas-Dallas, un vuelo de 5 horas en las que no dormí casi, aun cuando lo necesitaba porque la noche anterior me había ido a “Por el Medio de la Calle” sin haber hecho maletas, por lo que me tocó hacer todo al regresar. Por cierto, como nota de vida les recomiendo anoten que hacer maletas con 3 botella de vino de manzana encima es garantía de que olvidarán algo como su chaqueta, sus guantes y sus bufandas y, si el plan es visitar la nieve, PUEDE, pueeeeede, que le hagan falta esas cosas.

    En cualquier caso, el hecho es que aun con ese maratón encima, en el avión solo logré dormir unos 20 minutos, que por su puesto fueron exactamente los 20 minutos en los que se sirvió el almuerzo… Vamos, lo que llamamos un ciclo de sueño oportuno. Este vuelo fue casi nulo, CASI, pero no, el destino (o la aerolínea) me tenía reservada una compañera de puesto bien especial.

    La señora llevaba el pelo corto, oscuro, sobre los hombros con un corte completamente recto, igual que la pollina que era un poco bombacha. Llevaba una camisa blanca de botones brillantes, como perlas, debajo de una chaqueta negra que, si no tenía hombreras, se mantenía sospechosamente recta y tiesa. De donde yo vengo este tipo de vestuario antecede a un sólo título: Directora de Colegio de Monjas/Curas.

    Interrumpiendo un silencio demasiado disciplinado, la señora llegó a hablarme por unos 5 minutos, 5 minutos en los que no logré entender si hablaba español o inglés, principalmente porque sólo señalaba cosas y hacía preguntas inteligibles con sonidos como: Hmmm?! Aaah?! Eeeh?! Yo quería contestarle, se los puedo jurar, de hecho estaba desesperada por contestarle, pero me daba demasiado miedo equivocarme porque creo (y digo creo porque no me atrevo a asegurar nada sobre esta señora) creo que estaba brava, pero brava como esa gente que está molesta con el mundo entero y todo lo que lo conforma: las aeromozas, el ruido de las turbinas, el que se tarda mucho en el baño y, particularmente, molesta con una lata de pepsi que descansaba inocentemente en el asiento que nos separaba. Yo llegué a sospechar que el refresco lo había pedido para mi, mientras dormía, como en un acto de bondad por haberme perdido el almuerzo, pero aun así no me atreví a preguntar y luego de que la señalara con rabia por segunda vez procedí a tomármela, sin sed ni hambre, solo con algo de miedo.

    Si están pensando que tal vez la señora era muda o hablaba otro idioma, se equivocan. Podía hablar perfectamente y lo sé porque, luego de 5 horas de vuelo, decidió hablarme en la lengua que compartimos para decirme: "soy de Valencia ¿y tú?", "del planeta tierra" debí haberle contestado, pero me contuve (tenía miedo de que me pusiera una notificación o mandara a llamar a mis papás) Pero en fin, me bajé del avión y no supe más de la profe.

    Segundo vuelo:
    Si efectivamente en Texas todo es “bigger and better”, el aeropuerto de Dallas es una excelente carta de presentación y punto de bienvenida. El área de migración está compuesta por más de 40 casillas y es una sala gigantesca en la que me atrevo a calcular caben más de dos mil personas. En esta particular ocasión éramos unos 200 pasajeros nada más, pero contra 5 oficiales, así que luego de unos cortiiiisimos 45 minutos de cola, tuve que correr baste para lograr hacer a tiempo la conexión.

    El aeropuerto está dividido en 5 áreas gigantescas que se conectan con un sistema de trenes así que no es cosa fácil hacer transferencia, especialmente cuando vas del sector C al A y al llegar te enteras de que el vuelo fue cambiado al E. En medio de la carrera, tomando los trencitos respectivos, empecé ya a reír sola buscando un puesto de cotufas en alguna parte.

    Yo estaba en un modo extrañamente calmo, la señora del primer vuelo no había logrado sacarme de él y la verdad es que ni me paré a ver mucho de lo que pasaba alrededor. Seguramente por eso fue que no me enteré, hasta tener ya 20 minutos volando, que ese vuelo había salido con retraso de 1 hora, y que ese retraso se debía a que por Denver había pasado no uno, sino 5 tornados esa tarde y el aeropuerto había sido cerrado ¿Cómo me enteré de esto? Porque el tiempo empezó a ponerse feo y se me ocurrió comentárselo a mi nuevo compañero de vuelo, quien me puso al día con las noticias. Entonces, la misma semana en la que se cayó un avión que sigue sin aparecer, me monto en uno que va atravesando una lluvia y me dicen que horas antes, por allí, hubo una tormenta y un tornado… Buen vuelo eh!

    Ahora, lo tonto del asunto es que ¡de hecho fue un buen vuelo! Uno en el que hice un nuevo amigo (muchísimo más de lo que puedo decir del anterior) pues el chico que volaba a mi lado era un “denveriano” que regresaba a casa luego de vacaciones familiares en Cancún. Este muchachito de 19 años fácilmente podría ser una de las personas más interesantes que he conocido, de esas que en medio de cuentos casuales suelta cosas como: “yo soy adoptado, por eso estoy en contra del aborto”, y con toda naturalidad sigue hablando de algún programa de tv o de un político local, mientras uno se queda intentando procesar la importancia de lo que te acaba de decir.

    Luego de hablar casi 2 horas nos dimos cuenta de que no nos habíamos presentado. “Ariana” digo yo lo más lento posible. “Erriana” responde él, que se ríe y dice: mejor te deletreo el mío. Con esa antesala me preocupo y agarro un bolígrafo para tomar dictado, esperando algo como: “Rupert Alporto” o “Sherezado Allmighdity” y entonces empieza:
    J…
    ...O
    E…




    - Aja?, pregunto yo
    - That’s it, responde él

    Joe, ese el nombre que necesitaba ser deletreado. Yo me río como él hizo con el mío y entiendo que hice un nuevo amigo. Joe es de la gente que te recuerda que hay que andar con los ojos abiertos y los oídos dispuestos, hay personas interesantes en todas partes.

    I’m oficially in Denver!
    Solo 2 horas de vuelo con poca turbulencia me llevaron a Denver.

    8:00 pm: es más tarde de lo planeado ¡Pero estoy emocionada y lista para la acción! Tan lista y tan emocionada que tomo el autobús equivocado y me voy a un hotel que no es el mío.

    9:30 pm: de regreso en el aeropuerto pagando 20 dólares por un autobús hasta el centro ¡Pero no importa! ¡Seguimos emocionados y listos para la acción! O no. Finalmente mi cuerpo se rinde y caigo dormida en el Shuttle.

    El Shuttle es un servicio genial, una “van” en la que se montan hasta 10 personas que salen del aeropuerto a puntos distintos y a cada uno lo deja en la puerta del lugar a donde va, pagando menos de la mitad de un taxi; claro, tardas más en llegar, pero en estos casos es o el apuro o la cartera. Y para viajar tan organizadamente como lo hago yo… Hay que escoger la cartera.

    En fin, el chofer me despierta al llegar y allí están mis tíos esperando: la gente más paciente del mundo, yo me habría ido a cenar sin mi misma… Así de organizada soy.

    Hasta aquí este primer reporte, mañana espero contar un poco más de esta tierra de rubios, tiendas gigantes y olor a cotufas.

    Hablamos pronto
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  2. 12 comentarios:

    1. ki dijo...

      me encantó =)

    2. *Mari dijo...

      Ariiii que mega finisimas tus historias!!!! =D eso de ojos abiertos y oídos dispuestos me recordó a Artahona y el primer texto de "si uno se pone a oir descubre el universo" jajajaja! love you!!!

    3. Arianna dijo...

      Nooooo!!! a mi también me tocó Artahona!!! Ari, te amo coño, u rock!

    4. Este comentario ha sido eliminado por el autor.
    5. Pensé que en algún momento, así fuera en Dallas, ibas a agarrar un burro como parte del plan de viaje, pero no, no se dió

    6. El venezolano que se fue dijo...

      ARI. AMO TU BLOG! NO PARES DE ESCRIBIR EN EL! Necesito mi dosis frecuente de realismo magico. No viste elefantes rosa vendiendo cotufas?

    7. AxxeTech dijo...

      ok esto ya lo estoy viendo como negocio... q tal si tu habilidad para escribir se junta con mi habilidad en las computadoras? jajaja te parece si te pongo una pagina como la mia? con un dominio propio... x ejemplo www.ñamehead.com jajaja y escribes tu ahi... preguntale a mis papas a ver q les parece la idea... ojala se estan divirtiendo x alla... un beso

    8. Me gusta como piensas Frass! Lets do this! hahaha

    9. mourline dijo...

      Ariana, como siempre... cosas como "los EU huele a cotufas" me hacen recordar DE BOLAS que somos amigas. Dato random, pero cierto

      Y bueno, debo confesar que me dio miedo tu contacto con alguien de Cancún. Puedes imaginar por que... sin volverte paranoica_

      [odio las verificaciones de palabras, las odio]

    10. Me encantan tus aventuras viajisticas vale!!! entretienes mi dia un buen rato ^^

      que risa el pana deletreando JOE XD

    11. Anónimo dijo...

      Que bien redactas. Fluye como agua de manantial, conectas ideas de una manera tan pulcra -o más- como tu explicas lo hace tu nuevo amigo Joe.

    12. flequillo dijo...

      TE AMO
      sabía que luego de bajarte del avión en Denver, te ibas a perder... lo sabía...
      (miss u)

      p.d: me declaro tu lectora-fan (porque ya soy tu fan desde hace mil años)

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