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  1. Miau

    1 mar. 2009


    Esta es una historia no real, ok? Es lo que vendríamos llamando: un cuento...

    Los maullidos del gato lo despertaron. Y entonces lo vio.
    Gigante, más grande que cualquier otro animal que jamás hubiera visto antes, con unas patas gordas y macizas que se apoyaban en el techo de los edificios. Rayas negras le atravesaban el pecho gris como marcas de cauchos sobre el pavimento. Profundas, desiguales, informes, aquellas rayas parecían picar al animal en cientos de pedazos y, aun si así lo hubieran hecho, cada trozo de la bestia seguiría siendo más grande que cualquiera de las estructuras de la ciudad.
    Los ojos del hombre estaban tan concentrados en las oscuras marcas que ni siquiera habían notado la cara del animal, y aún no lo harían porque algo en el fondo los distraía. La cadencia de la cola era hipnotizante: de izquierda a derecha, calmada, se meneaba despacio. De textura inofensiva pero movimientos sospechosos, el hombre pensó que la cola se movía como una cobra de peluche y la idea le provocó un escalofrío. Notó también que, a diferencia del resto del cuerpo, la cobra era negra con rayas blancas, otra señal de que algo en la propia esencia del animal estaba mal.
    Tic-tac, tic-tac, (como el reloj, no como los caramelos) hacía la cola. Miau, volvió a hacer la bestia. Y entonces los ojos no tuvieron escapatoria, teniendo que moverse para enfrentarse al rostro del enemigo. Los bigotes estaban tiesos, alineados a cada costado de la boca, listos para la batalla. Las orejas paradas, (aunque esto no sorprendió al hombre) y de cada una de ellas salían hacia el centro de la cara unas líneas gruesas y oscuras que luego bajaban hacia los ojos. Y entonces los ojos. Negros, completamente negros, no hay otra descripción para lo horroroso de aquello, un vacío infinito y negro desde el cual algo debía ver al hombre porque los ojos del gato estaban fijos en los de él.
    Y de repente, sin señal previa, los bigotes se endurecieron aun más en sus posiciones y la inmensa boca se abrió para dejar salir una lengua rosada, brillante y peligrosa (el hombre nunca tuvo dudas sobre la peligrosidad de la lengua) La víctima quiso moverse pero el animal estaba demasiado cerca y el miedo no le permitió reaccionar con rapidez: antes de poder lanzarle una almohada o interponer la cobija entre ellos, la lengua se lanzó sobre su cara. Sin piedad el animal lamió a aquel hombre de frente a barbilla y de oreja a oreja, el cuerpo humano se retorcía debajo con dolor y terror, demasiado asustado como para defenderse.
    De repente un sonido extraño invadió la escena, una voz femenina se dirigió tranquila al par: “Buenos días Albert, ¿Por qué tienes a Fifi en la cara de nuevo? Yo de verdad no entiendo esta vaina, primero asustado con el pobre gato y luego te consigo en estas todas las mañanas… ¡No vale! No me digas que te dañó otra maqueta, bueno si las dejas en el piso no se qué esperas, ya mi mamá decía que el desorden trae al diablo. Huele como fuerte no, ya se me están quemando los huevos, bueno te espero en la cocina, apúrate vale, que vaina contigo en las mañana chico…”
    La mujer cierra la puerta y el hombre sigue inerte sobre la cama. No sabemos cuánto tiempo le llevará a la bestia cansarse del sabor de su cara.

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  2. 3 comentarios:

    1. Anónimo dijo...

      Ese Albert ha de ser una persona muy guapa

    2. Anónimo dijo...

      jajajajajajajajajajajaja Albert es a Ariana como Scarlet es a Woody.
      Maru

    3. Jajajajajajajajajajajajajajajaja yo diría que más Penélope

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